Los caballos de FNYH, guardianes de la Naturaleza

La conservación del ganado local es un objetivo prioritario para Fundación Naturaleza y Hombre. Las manadas de caballos presentes en varias reservas han resultado ser los mejores aliados para mantener las áreas naturales. Esta nueva función es clave para la conservación de las razas de ganado autóctono, que se encuentran amenazadas tras el abandono de los usos típicos.

El Astillero, 25/04/2016

La evolución en los medios de transporte, la mecanización del campo y la pérdida de la agricultura y ganadería tradicionales han provocado que el caballo, la mejor ayuda del hombre en el pasado, haya quedado generalmente reducido al ámbito deportivo o de ocio. En este campo las razas españolas pueden no ser tan competitivas o polivalentes como las europeas, al tener unas condiciones físicas diferentes. Por ello, varias razas originarias de la Península han entrado en la categoría de “En peligro de extinción” según el Catálogo Oficial de Razas de Ganado de España.

Las razas locales, cualquiera que sea la especie, forman parte no solo de nuestra fauna, sino también de nuestro patrimonio cultural, pues responden a un proceso de adaptación de miles de años que les ha llevado a convertirse en las más idóneas para vivir en ese medio concreto. Son testimonios vivientes de nuestro pasado y de la evolución del lugar que habitamos. Por esta razón, cada vez que se extingue una raza autóctona perdemos parte de nuestra identidad.

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El ganado forma parte de nuestros paisajes.

FNYH lucha por evitar su desaparición encontrando nuevas aplicaciones a tres manadas de caballos autóctonos en peligro de extinción, destacando su papel como “guardianes” de varios hábitats: los retuertas en la dehesa salmantina, los losinos en las marismas, y los pottokas en los pastos de montaña.

Los pottokas

El pottoka, “pequeño caballo” en euskera, desciende del tronco celta de caballos cantábricos, al igual que el losino y el asturcón, compartiendo la mayoría de los rasgos físicos con sus parientes de la Cordillera Cantábrica. Mide alrededor de 125 cm y pesa 200 kg de media, por lo que lo único que le diferencia a simple vista del losino es el tamaño.

Raza autóctona del País Vasco, solo se admite la capa castaña muy oscura o negra. Tiene orejas pequeñas y móviles, crin negra lisa y espesa, y unas extremidades delgadas pero potentes. Con cuerpo musculoso, presentan un carácter rápido, fiel y muy resistente. En la actualidad sus usos han quedado reducidos a mantener pastados y limpios los montes que habitan, además de ser una raza ideal para los niños que se inician en la equitación dada su facilidad de aprendizaje y nobleza.

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Pottokas en la Montaña Pasiega y Oriental de Cantabria.

En Junio de 2015 Fundación Naturaleza y Hombre y Lucy Rees, etóloga equina de prestigio internacional, firmaron un acuerdo por el que la especialista en comportamiento y doma natural de caballos donaba una pequeña manada de pottokas a la Fundación. Los animales fueron introducidos en la Reserva Biológica Campanarios de Azaba, componente del LIFE+ Nature Oeste Ibérico Club de Fincas. La doma natural consiste en ganarse la confianza del caballo basándose en su lógica, y no tratando de imponerle nuestra voluntad a la fuerza. Se busca una armonía con el animal mediante la cooperación mutua.

Actualmente, los pottokas pastan en la Red de Fincas de la Montaña Pasiega y Oriental de Cantabria, donde FNYH realiza labores de recuperación y mantenimiento de bosques. En está se está llevando a cabo el LIFE+ Nature Conservación de la biodiversidad en el río Miera. Parte del desbroce necesario para prevenir incendios forestales se hace utilizando variedades locales de ganado doméstico, especialmente con razas autóctonas. Así, se contribuye a evitar su desaparición y se fomenta la pervivencia de la ganadería extensiva, esencial para mantener abiertas y limpias áreas de nuestros espacios naturales.

El caballo losino

Originario de las Merindades, en el norte de la Provincia de Burgos, su desarrollo en el valle de Losa fue tan extraordinario que acabó por tomar el nombre de dicha región. Los primeros pasos de esta raza se remontan al Paleolítico Superior, hace 40.000 años.
Con una altura media de 140 cm los machos y 130 cm las hembras, estos animales de tamaño medio y un peso entre 300 y 350 kilos de peso se caracterizan por su capa negra, curvas armoniosas, grupa redondeada y una abundante crin negra. De aspecto rústico, destaca la viveza de su carácter y su mirada.

Comparte los rasgos con sus primos más cercanos, el pottoka y el asturcón, pero el losino es ligeramente más alto que sus parientes de la Cordillera Cantábrica. La alzada es lo único que le diferencia del pottoka, mientras que el asturcón presenta más variedad de capas: negra, castaña y alazana. El pelaje es liso y brillante en verano, mientras que en invierno se transforma en una capa gruesa que les protege de las inclemencias.

losino semental blog

La capa negra y mirada viva son caracteres de la raza.

Fundación Naturaleza y Hombre, con proyectos en la Montaña Pasiega y Oriental de Cantabria donde se encuentra esta raza, y la Asociación de Criadores de caballos losinos El Bardojal firmaron un acuerdo en 2008. En virtud del mismo, la Asociación cedió 16 ejemplares que fueron liberados en las Marismas de Alday, gestionadas por FNYH e incluidas en el LIFE+ Anillo Verde de la Bahía de Santander. Aunque es una raza originaria de las montañas y la marisma no es su ecosistema habitual, el losino ha vuelto a hacer gala de su legendaria capacidad de adaptación, con el nacimiento de nuevos potros cada año que confirman la evolución de la manada.

Ubicados en las praderas saladas del humedal, han contribuido notablemente a controlar la vegetación invasora que afecta a las marismas: el plumero (Cortaderia selloana) y la chilca (Baccharis halimifolia). Esta vegetación, de no tomarse medidas, acabaría por colonizar todo el humedal desapariciendo así la mayor parte de la biodiversidad del ecosistema. Al alimentarse de los brotes tiernos de estas plantas alóctonas y evitar su proliferación, los animales actúan como un excelente complemento al control de la flora dañina. La gestión de la vegetación invasora a través de estos equinos ha sido premiada por la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente.

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Los losinos benefican a las marismas de Alday.

Por otro lado, gracias al pisado y abonado constante de los suelos los losinos mejoran la calidad del pasto. Su presencia contribuye al incremento de la biodiversidad de la reserva, al atraer variedades de avifauna ligadas a la actividad ganadera, como las garcillas bueyeras. También mantienen la hierba a baja altura, lo que permite que otras especies, no solo aves, tengan cabida en el ecosistema.

El caballo retuerta

Reciben este nombre los caballos propios de las marismas del Parque Nacional de Doñana. Creada a partir de los caballos primitivos que habitaban los humedales del Guadalquivir, algunos estudios genéticos del Centro Superior de Investigaciones Científicas la sitúan entre las razas más antiguas de Europa e incluso en la cima del árbol genealógico equino.

Los machos presentan una alzada de 145 cm, por los 140 cm habituales de las hembras. De movimientos gráciles, tienen la cabeza ligeramente convexa, apoyándose en unas extremidades largas y de musculatura definida. Con un comportamiento asilvestrado propio de su aislamiento en Doñana, su nivel de resistencia y adaptación son extraordinarios, sin el cual no hubieran podido sobrevivir en un entorno tan exigente como la marisma: inviernos duros por el agua y el frío, donde caminan por zonas encharcadas avanzando con el agua por encima de las rodillas; veranos calurosos y secos en los que han de recorrer largas distancias para beber y comer algo desplazándose por zonas dunares.

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Los retuertas presentan un carácter esquivo.

Sus funciones tradicionales fueron las tareas ganaderas, de transporte y arrastre de barcas de fondo plano atadas a la cola cargadas con alimentos o mercancías por la marisma. Lejos ya de dichas labores, esta especie protegida desarrolla hoy un papel fundamental en el control de la vegetación marismeña del Parque Nacional.

La Estación Biológica de Doñana controlaba el único núcleo poblacional de esta raza, no superior a los 150 ejemplares. Entre 2013 y 2014, acordó con Fundación Naturaleza y Hombre trasladar parte de los caballos a la Reserva Biológica Campanarios de Azaba, dentro del LIFE+ Nature Oeste Ibérico Club de Fincas. De esta forma, se ha formado una segunda población que de más oportunidades de supervivencia a una de las razas más antiguas del Viejo Continente. Aunque no es su hábitat original, los retuertas se han adaptado perfectamente su nueva localización, aprobada por investigadores del Centro Superior de Investigaciones Científicas.

La desaparición de los rumiantes tanto silvestres como domésticos a consecuencia del abandono de la ganadería extensiva ha llevado a la dehesa, paisajes emblemático de la Península y clave para gran parte de nuestra fauna, a un estado crítico. Este espacio es fruto de la intervención del hombre en el campo, cuyo ganado ha mantenido durante décadas extensiones de terreno abierto. Dentro del programa de conservación del Oeste Ibérico, FNYH considera la suelta de herbívoros, prioritariamente de especies amenazas, como un eje fundamental. Si los rumiantes desaparecen, el matorral acabaría por ocupar el espacio, desapareciendo así el ecosistema propio de especies tan vulnerables como el águila imperial ibérica o la cigüeña negra. Con su pasto, los caballos retuertas seguirán haciendo de las dehesas un entorno ideal para algunas de las especies más amenazadas del mundo.

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Numerosas especies dependen de la presencia del ganado.

Reflexión final

A pesar de haber perdido gran parte de las funciones que desarrollaron en el pasado, podemos concluir que las razas autóctonas estudiadas, todas ellas en peligro de extinción actualmente, pueden encontrar nuevos roles que desempeñar, especialmente como instrumento medioambiental. De esta forma, se ayudará a una raza de ganado local amenazada a la vez que se conserva un hábitat de forma natural, sostenible y que fomenta la biodiversidad.

Los caballos losinos, desplazados desde la Montaña Oriental, eliminan la vegetación invasora de las Marismas de Alday; Los pottokas vascos ayudan a mantener limpios los montes pasiegos, previniendo los incendios forestales; y los retuertas de Doñana, con una segunda oportunidad en la dehesa salmantina, trabajan para que no se desaparezca este paisaje mediterráneo.

Fundación Naturaleza y Hombre seguirá trabajando para proteger al ganado autóctono, parte imprescindible de nuestro patrimonio natural y cultural.

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